NOCHE DE LUCIERNAGAS (Cuento)

NOCHES DE LUCIÉRNAGAS

De la serie: <<Cuentos para niños entre 5 y 120 años>>

Aquella noche en lo profundo de la selva, al interior de la inmensa bóveda celeste en la que apenas se veía el titilar de luceros y planetas al ritmo de la ondulación del follaje de árboles gigantes, mecidos y danzados por los vientos de un día de verano en el mes de marzo, se atiborraba de silencios aparentes. Era la época en que se llena de vida la frondosidad de la selva. En esos días surgían infinidad de insectos de huevos y crisálidas, dispuestos a enfrentar un mundo desconocido, pero cargados con todas las destrezas para sobrevivir y reproducirse en los días o meses siguientes, para los cuales fueron programados por la naturaleza.


Sólo el silbo producido por el viento sobre la boca de un canuto partido, o el ulular de una lechuza de ojos grandes limitando su territorio, quebraba el silencio de aquella noche expectante. Roedores, peces con salivazos mortales, insectos mayores, camaleones, reptiles, murciélagos y lechuzas sabían del banquete que lograrían darse en aquellas noches y días de marzo.


De vez en cuando, también se lograba percibir la fractura de hojas secas en la hojarasca, cuando un roedor las pisaba delicadamente o, el suave recorrido del cuerpo sinuoso de una culebra que con su lengua detectaba el calor de sus presas.


Los grillos ludieron sus patas anunciando el inicio de la noche, las chicharras reventadas sobre la espesura de tanto chirriar en el día, yacían dispersas sobre el piso. La noche no dormía. Infinidad de seres surgían por millares para que depredadores mantuvieran el ciclo biológico que establecía un equilibrio sobre la disponibilidad de recursos para los seres de la selva. Allí, el más grande devoraba al más pequeño; por eso, estos últimos saltaban a borbotones, por millares, en aquellas noches de vida efervescente.


Poco a poco, en la plenitud de aquella oscuridad, el titilar de unas pequeñas luces, a veces verdosas, a veces amarillas, a veces fosforescentes, salpicaban aquel espacio atiborrado de oscuridad, donde se mostraban por milésimas de segundo los troncos, las ramas o las hojas que conformaban la jungla.


De un viejo tronco, y en algún lugar de sus raíces secas y en descomposición, surgieron Pipo y Pepe, dos pequeñas luciérnagas machos que aparecieron de súbito al mundo de los seres vivos. Lentamente emergieron de un orificio al romper la envoltura de la pupa donde habían gestado su presencia como adultos. Su época de larvas predadoras hacía días que habían pasado a la historia. Pipo fue el primero en sacar su cabeza y luego su cuerpo, rompiendo la podredumbre de aquel árbol que los había acogido; y en seguidilla, apareció Pepe husmeando el olor que dejaba su compañero de cuna.


El recorrido instintivo sobre la redondez de la raíz que los llevaba hacia la verticalidad del tronco se hizo de manera apresurada, deteniéndose de vez en cuando al oír el canto de la lechuza: currucutu.... currucutu....


Aquel llamado no fue de su agrado, por lo cual apresuraron más el movimiento de sus seis patas... sin darse cuenta que en pocos instantes ya estaban avanzando verticalmente por el tronco hacia las alturas de aquel frondoso árbol; pero... lo impredecible... a Pipo se le iluminó su rabo generando una descarga de fotones (rayos de luz) que lo asustó y, al mirar lo que le sucedía, se desprendió de la corteza de aquel árbol arrastrando con su cuerpo encendido el cuerpo de Pepe. Los dos cayeron sobre la raíz con sus cuerpos encendidos, y al calmarse, comprendieron que aquel fenómeno era una de sus particularidades como insectos. Ensayaron varias veces aquella luminosidad que salía de sus entrañas. Las prendían y apagaban a su gusto por unos momentos, dándose cuenta de que también tenían alas, las cuales desplegaban y agitaban sintiendo cómo flotaban sobre la raíz de aquel tronco.


Estando en éstas, oyeron los disparates y regaños que provenían del lado contrario del árbol en donde ellos estaban.


.- ¡Oh, sube!, ¡Oh, sube!, bola miserable... ¡Puf!... que aquí vamos pa´ donde tenemos que llegar- decía un escarabajo hércules, quien arrastraba con sus patas traseras, una bola de excremento elaborada con las deposiciones fecales que desde la copa de un árbol había evacuado un mono aullador.

Las luciérnagas apagaron sus luces, y en silencio esperaron que apareciera aquel que profería tales maldiciones. La espera fue poca. El rodar de algo pesado sobre la hojarasca se les vino encima... Ellas asustadas prendieron sus luces y trataron de huir, pero la voz seca de "Lolo", el escarabajo, las detuvo amablemente.


.- Tranquilas, mis amigas, que yo no represento ningún peligro para animales tan útiles y amistosos como ustedes.- dijo Lolo.


.- Más bien por que no vuelan y alumbran el camino hacia donde tengo que llevar este amasijo de mierda para que en él nazcan mis descendientes y se alimenten de él, y así puedan defenderse en este mundo, donde prevalece el más fuerte y se salva el más hábil o el mas ingenioso de los insectos menores. - continuó sin parar aquel escarabajo mientras empujaba y pujaba.


.- El llamado que los asustó hace unos momentos fue el clamor continuo de una lechuza, que en estas noches persigue ratones y culebras que andan en busca de insectos como ustedes- seguía el viejo escarabajo tejiendo con sus palabras la compañía de aquel par de luciérnagas para que le alumbraran el camino.


Definitivamente no encontró ninguna respuesta de aquel par de insectos, pero sí notó el interés que estaban causando sus comentarios; por lo cual, siguió hablando a medida que emprendía nuevamente su recorrido empujando con sus patas la bola de mierda. Las luciérnagas encendieron sus vientres, y a continuación emprendieron un vuelo lento y bajo, siguiendo las historias de aquel amable viejo cascarrabias.


.- Por el color de la luz de sus vientres, entiendo que no tienen más de 10 minutos de haber despertado al mundo de la vida. Deben tener hambre, es decir, tienen un cosquilleo en sus estómagos que las llevará a buscar algo que entre por sus bocas. Pero eso no importa, sobre mi guarida crecen pétalos de la flor más jugosa que ninguna luciérnaga haya disfrutado, además existe también una colonia de termitas con las cuales se pueden dar un gran banquete...

.-Ustedes dos, son luciérnagas que emiten su luz mediante una mezcla controlada de dos sustancias en presencia del aire. Esas sustancias están en dos glándulas (bolsitas) diferentes que producen cada una, una sustancia química. Cuando quieren producir luz, simplemente liberan las dos sustancias a una cámara (otra bosa). La unión de las dos sustancias produce otra sustancia que en presencia de aire (oxigeno) produce fotones (luz). Las variaciones de su coloración (verde o amarillo) se obtienen al pasar los fotones a través de filtros de sustancias fluorescentes.


.- Ya llegará el momento cuando se encuentre con hembras de su especie para que sientan ese impulso imparable de la reproducción. Ellas empiezan el juego, emiten una señal, normalmente larga y continúa. Ya lo verán..., ya lo verán y además de que lo sentirán, se irán detrás de ellas.


Entre comentario y comentario que hacía el viejo Lolo, lograba la atención de aquel par de luciérnagas que le acompañaban y le iluminaban el camino hacia la guarida donde había logrado llevar varias esferas de mierda: unas de mico, otras de oso hormiguero, otra de un perezoso que casi no suelta su excremento, y una de las mejores por su tamaño... la de una danta adulta.


Cuando se aproximaban a la base de bolas de mierda acumuladas por Lolo y otros escarabajos, nuevamente el ulular de la lechuza se regó por las oquedades de aquella espesura.


.- Rápido... a esconderse... que se nos viene encima la lechuza y si no se ha alimentado de carne de ratón, de seguro que nos toma como el alimento de su noche.


Lolo soltó la bola. Esta siguió rodando por el declive que concluía cerca a su base de cama-cunas esféricas. Pipo y Pepe apagaron sus vientres y siguieron al viejo que se introducía a una espaciosa hendidura de embocadura pequeña.


Y en efecto, la lechuza se posó cerca al lugar donde nuestros amigos se escondían, hurgando con sus dos inmensos ojos la oscuridad de aquel lugar.

.- Viejo cascarrabias, sé que estás por aquí -exclamó la vieja lechuza.


Y miraba y miraba, haciendo girar su cabeza como si fuera un trompo, sin mover una sola pluma del cuerpo. Pero no lograba detectar al viejo Lolo y sus nuevos amigos. Ella los había sentido y ubicado, por eso se sentía frustrada, pues de tantos intentos nunca había podido incluir en su dieta al viejo Lolo, que debía estar gordo y sabroso.


Sintiendo que iba a perder otra noche esperando la aparición de Lolo, más bien se encumbró lejos de aquel lugar en busca de algún ratón o culebra que le diera la oportunidad de alimentarse.


Al retornar el silencio en aquella noche llena de vidas que resguardaban su existencia, el escarabajo se desprendió de aquella concavidad que los había protegido, pero con tan mala suerte que cayó de espaldas, con su patas hacia arriba.


-. ¡Ah!... ¡Ah!.... otra vez, posición de desespero -empezó a refunfuñar el viejo.

Esto ya le había ocurrido varias veces a lo largo de su existencia, ya no pataleaba inútilmente. Él sabía que si no encontraba un punto de apoyo para voltearse, sería comida de lechuza.


Las luciérnagas habían descendido y miraban desconcertadas al viejo Lolo.

.- ¿Qué esperan para prender sus linternas?... no ven que estoy perdido en esta posición... ¡prendan!... ¡prendan!.... - exclamaba pausadamente y en voz baja el viejo.


Iluminado aquel contorno de la floresta por los vientres de Pipo y Pepe, Lolo encontró rápidamente un punto de apoyo para dar un giro vertiginoso que lo puso sobre sus patas en posición normal.


.- Bueno, mis amigos, es hora de que nos dividamos y cada cual siga sus instintos - decía el viejo a medida que se aleja rumbo a colección de pelotas de mierda.


En esas... unas luces alargadas y continuas, rayaron el velo negro de aquellas tinieblas que cubrían el contorno; eran las hembras de las luciérnagas. Así empezaban su danza nupcial, atrayendo la atención de los machos que estuviesen por esos lados.


Pipo y Pepe las empezaron a observar y... sí señor, un escalofrió empezó a vibrar por sus cuerpos, la danza de las luciérnagas acababa de iniciarse. Ellas, las hembras, habían empezado el juego y Pipo y Pepe empezaron a emitir una respuesta, más elaborada, en secuencias de cortas señales. Al captar estas señales, las hembras respondieron con secuencias de luces similares, aceptando así el acercamiento de los machos para el apareamiento.


Esta fue la fiesta más iluminada de las noches de marzo; miles y miles de diminutos bombillos de diferentes colores, de figuras formadas por vuelos iluminados, verdes o amarillas en infinidad de tonos.


Al amanecer, cuando el calor del día fue cubriendo aquellos cuerpos exhaustos que yacían por el suelo; muchos, sin pensarlo dos veces, corrieron a esconderse bajo las hojas del espeso follaje. Las hembras, se ocultaron el envés de las hojas, dando comienzo a la postura de infinidad de huevos fecundados por los machos; iniciándose de esta manera otro ciclo de vida que parecía no acabarse con el transcurrir de los años... de los siglos.


Otros fueron devorados por otros insectos, o por ratones, o por culebras. En fin, por otros seres vivos que necesitaban alimentarse de ellos para poder seguir llenando de vida la tierra. Otros, simplemente murieron exhaustos, al final de aquella ronda de apareamientos.


Pipo y Pepe sobrevivieron y, en su veloz retirada fueron a esconderse cerca de la bodega de bolas de mierda que había acumulado el escarabajo, debajo de las raíces de un anciano samán; un árbol frondoso de extensas ramas que cubría un círculo de unos doce metros de diámetro.


El escarabajo yacía placidamente cerca de sus esferas llenas de alimento. Al verlos llegar, se irguió en posición de defensa, pero al reconocer aquellos amigos, los invitó a que reposaran debajo de una de las oquedades de las raíces del samán, próxima a su bodega. Al cabo de un buen rato los llamó:

.- ¡Hey!... ¡Hey!... Pipo y Pepe.

.- Creo que es hora de comer. Ustedes han cumplido una de las tareas más importantes que la naturaleza tiene programada para todo ser viviente; pero, si no comen, no llegarán a la próxima fiesta de apareamientos.


El viejo seguía hablando, al ver que ya habían captado la atención de aquel par de insectos.


.- Después de que se alimenten de termitas que están a cincuenta centímetros de Ustedes, los espero para que me ayuden a resolver un gran interrogante que me acosa desde hace días.


Aceptadas las recomendaciones, Pipo y Pepe se dirigieron a saciar el hambre que carcomía sus estómagos. El desgaste de energía en la noche anterior había resultado excesivo. De millares de termitas que salieron a proteger su nido se alimentaron hasta que saciaron su hambre; pero la acidez que les produjo semejante banquete, las llevó a masticar algunos de los pétalos rosados de la flor del samán que mitigaron su llenura y los deleitaron con su sabor fresco y dulzón, apaciguando de esta manera el malestar que les había producido semejante ingestión de termitas.


.- Ahora sí... ¿Para qué somos buenos?- preguntaron las luciérnagas a Lolo que los había visto saciar su hambre.


.- Vamos a esperar dos noches hasta que la luna llena les permita viajar sin que tengan que prender sus luces abdominales. Será un viaje a la frontera de estos bosques vírgenes que cumplirán ustedes, mis amigos. En esas condiciones, su viaje será seguro, nadie podrá verlos, y así, llegarán a donde yo quiero.


Pipo y Pepe oían con atención a aquel anciano, con sus antenas de 11 segmentos, delgados. Sus ojos no parpadeaban. Esa era seguramente una misión de exploración y espionaje que les prometía una interesante aventura.


.- Hace días vengo percibiendo un olor a humo y un movimiento telúrico como cuando caen árboles gigantes. Eso me preocupa. Por lo tanto, espero que Ustedes dos, mis queridas luciérnagas, traten de averiguar qué es lo que esta pasando en los límites de este bosque. En tres días emprenderán su vuelo de reconocimiento, y sólo viajarán de noche para evitar cualquier contratiempo.


El viejo se cansaba más fácil hablando que empujando sus bolas de mierda, por lo cual dejaba unos espacios de tiempo, entre comentario y comentario. Las luciérnagas no decían ni mu. Eran toda atención a esta interesante propuesta.

.- Esta noche les haré las recomendaciones para cuando se encuentren con el ratón del bosque, con la culebra, con las lechuzas, o con cualesquier otro depredador que pueda atentar contra sus vidas.


En medio de charlas entrecortadas, pasaron aquellos días; hasta que se dejó ver una luna que empezaba a llenarse. Era el momento de la partida a la expedición de observación en los lindes de la selva, allá donde empiezan las planicies y pastizales dominadas por los hombres, parecidos a aquellos que pasaron por esos días con sus canastos; pero estos eran distintos a los de las planicies, como les explicó el anciano escarabajo. Los otros la intervenían, es decir la destruían.

Llegada la hora de la partida, Lolo simplemente se despidió de Pipo y Pepe... Ya todas las recomendaciones sobre su supervivencia y sobre lo que debían observar estaban dadas... Antes de la media noche, al final del llamados de los grillos, e iluminados por la luz refleja de una luna casi llena, nuestros amigos emprendieron raudo vuelo hacia lo desconocido, hacia el sur... siempre hacia el sur, de acuerdo a la recomendación del escarabajo.


Pipo tomó la delantera y Pepe simplemente seguía el olor que su compañero dejaba a través de aquellas tinieblas traspasadas por los pocos rayos de luz plateada que lograba dibujar las siluetas de ramas y árboles que se erguían como fantasmas en aquella noche de su vuelo continuo hasta las horas de la madrugada, momento en el cual tendrían que buscar refugio. Las luces y figuras continuas formadas por la fosforescencia de algunas hembras que aun seguían en celo, que no habían sido fecundadas, no fueron capaces de detener el vuelo de nuestras dos luciérnagas. Sobre ellos pesaba una responsabilidad demasiado importante, según les había manifestó Lolo, pues de ellos dependían todos los seres vivos del bosque.


Pepe, el más despistado de los dos, se aproximó a Pipo.


.- Mirá... pero mirá, Pipo.


.-No mires... no dejes que te venza el deseo, nuestra misión es más importante. ¿No tuviste con lo de anoche? La valentía consiste en no dejarse vencer por las fuerzas interiores del placer. Acuérdate que fue el principal consejo que nos dio el anciano.


.- Está bien... tú tienes razón. Casi enciendo mi vientre, pero ya se calmó.


Y así, sorteando ramas, hojas y trocos, siguieron avanzando hacia el sur; solo se oía alguno que otro ruido sobre la hojarasca, pero... de pronto, una sombra alada en forma de murciélago, rayó la luna, se colgó con sus patas de una rama, desde donde emitía unos sutiles sonidos que le indicaban, como un radar, donde podría estar una o varias de sus presas.


Pepe y pipo que ya habían sido advertidos sobre este peligro. No dudaron en buscar un orificio dentro del árbol más cercano. Todo aquel espacio se saturo de un silencio estático, la tensión del ambiente enrarecía aquellos momentos de sobrevivencia y ataques certeros. Pasados unos momentos, percibieron en la base del árbol el desliz de un cuerpo, que no podría ser más que el de un ofidio que los había detectado por su calor.


Las decisiones fueron rápidas y simultáneas. Pipo y Pepe se jugaron la vida saliendo del hueco de aquel árbol. Rápidamente se situaron entre el murciélago y la culebra. Ofidio y murciélago tomaron la decisión de saltar al mismo tiempo sobre aquellas presas. Y, sí, señor, el totazo entre los dos fue tan fuerte que ambos cayeron al suelo, con tan mala suerte para el mamífero alado, que quedó aprisionado por los anillos de aquella serpiente.


.- ¡Puf!... por poco nos devoran.- exclamó Pepe.


.- Nada de sustos ni de miedos; a volar que es lo que tenemos que hacer.- ordenó Pipo.


Y sin dar más explicaciones emprendió de nuevo su vuelo, Pepe lo siguió de inmediato. Aquella noche volaron sin más contratiempos hasta que el sol mostró la aurora que empujaba con sus rayos de luz. Era el momento de buscar un refugio seguro par pasar el día sin ser vistos por aves u otros animales diurnos que eran más peligrosos.


Los huecos en los árboles en el día eran peligrosos, según les recomendó el viejo Lolo, a ellos arribaban frecuentemente los pájaros carpinteros, que con picos alargados y fuertes, taladraban las paredes de los árboles en busca de larvas o insectos. Por ello escogieron la copa de un tronco de palma lleno de espinas. La cantidad de púas era más densa en ese lugar. Ellas los defenderían de los depredadores. Y, en efecto, no faltó una tarántula que trató inútilmente de atraparlos y un hermoso petirrojo tratando de introducir su pico, pero aquellas púas eran una barrera impenetrable.


.- ¡Hora de la partida!- exclamo Pipo


.-Esta bien... esta bien... Espera un momento desarrugo mis alas que con la quietud prolongada están entumidas y llenas de gotitas de agua congeladas y,....

.- ¡Ya!... ¡ya!... Pepe no seas cobarde, mira que hasta el momento hemos sido capaces de sortear las situaciones más difíciles.


.- Sí, es cierto, pero no dejo de asustarme, son muchos los animales que nos han atacado.


.- Eso es verdad, yo también siento miedos, pero la valentía, y nosotros somos valientes, consiste en superar esos temores apoyados en las estrategias que nos entregó Lolo y las que nosotros vamos desarrollando a medida que se dan los acontecimientos. Acuérdate del totazo del murciélago y la culebra.


.- ¡Ja!... ¡ja!.. ¡ja!... se rió Pepe.


La luna ya había empezado su ascenso, y la luminosidad era mas clara, la selva ya no era tan frondosa, por lo cual el viaje de esa noche fue más rápido y sin ningún contratiempo. Avanzaron casi en forma recta, pero... algo extraño estaba sucediendo cuando arribaron a las horas en que se parte la noche. La frondosidad se hacía más escasa; por lo cual decidieron detener su marcha e instalarse nuevamente dentro de las espinas de otra palma mientras llegaba el día.


Al amanecer sintieron el olor que desprendía un pequeño fogón transportado por las espirales de humo que subían hacia ellos. Pero ese humo de los leños no era del que hablaba el escarabajo. El humo provenía de un fogón sobre piedras donde una indígena cocía algunos alimentos, era una Nucak Macuk. Entonces decidieron espera un buen rato para observar lo que acontecía en ese lugar.


Abajo sobre el piso se veían algunas chozas alboradas con hojas de palma, varios niños y niñas desnudos colaboraban con los quehaceres del grupo y otros jugaban o dormían en unas hamacas elaboradas con las fibras de algún árbol. Embelesados en su observación del comportamiento de aquel grupo de seres humanos, no se percataron de la presencia de un anciano que se había arrimado a la base de la palma que los protegía de depredadores y otras alimañas.


.- Cutu... Cutu....-emitió estos llamados el anciano, llamando la atención de aquellas luciérnagas.


.Estas comprendieron que aquel anciano de cara amable quería hablar con ellas.


.- Cutu... Cutu... no tengáis miedo de mí, pues presiento que vosotros sois uno mensajeros o exploradores de las profundidades del bosque.


Pipo, que era el más despierto de los dos exploradores, entendió aquellas palabras y se atrevió a contestarle al anciano.


.- En efecto, venimos de las profundidades del bosque con la misión de observar qué esta pasando, pues Lolo, el escarabajo, ha presentido que algo raro sucede en los límites de la selva; ha sentido en las corrientes de aire un humo que parece devastador y además percibido con sus patas sensibles, a través de la superficie de la tierra, movimientos de árboles gigantes que se derrumban continuamente. .- le aclaro Pepe.


.- ¡Ah!, viejo socarrón, de seguro él les dio las coordenadas de su viaje para que se encontraran conmigo.


Mientras la conversación continuaba, arribaron algunos de los hombres cazadores con sus bodoqueras, su carcaj de dardos y dos micos aulladores que traían sobre sus hombros, y algunas mujeres con sus canastos de hojas aún verdes, terciados a sus espaldas con algunos frutos que habían recolectado en la avanzada de cacería y recolección de alimentos. Todos ellos venían desnudos, cantando, anunciando su llegada.


Estos eran seguramente los Nucak Macuk, recordaron Pipo y Pepe, pues según dijo el viejo Lolo, eran los seres humanos más auténticos y bellos de que se tenga noticia, y al mismo tiempo uno de los últimos grupos nómadas en la tierra; por siglos han caminado las selvas colombianas, en armonía con la naturaleza y otros grupos indígenas de la región; derivan su sustento de la caza, la pesca, y la recolección de frutos; viven en grupos pequeños, y se establecen por temporadas cortas en campamentos construidos con hojas de platanillo, los cuales abandonan -al agotarse los recursos del área- para continuar su camino por senderos indescifrables. Habitan las selvas comprendidas entre el río Guaviare y el río Inírida en el Departamento del Guaviare, al sur de Colombia.

El inventario de sus propiedades es elemental: el chinchorro para dormir, la cerbatana para cazar y los canastos para llevar los frutos que recogen de la selva. Nada más.


.- ¡El viejo Lolo!, yo lo conocí cuando fui joven, en una profunda incursión al interior de la selva.


.- Lo que van a ver más allá de la frontera de los árboles es desgarrador y asustador por sus consecuencias, contra todos los que habitamos estos bosques hace miles de años. Eso será mejor que lo vean con sus propios ojos. Algunos de nuestros miembros del grupo se han acercado adonde están los hombres blancos; unos seguimos alejándonos de ellos y otros, que se han quedado, han muerto por enfermedades que no conocemos y los que han logrado sobrevivir han sido atraídos por el bienestar aparente de su sociedad, los han puesto a trabajar sin descanso talando y quemando bosques para crear pastizales o sembradíos de coca.


El par de luciérnagas daban oídos a las explicaciones del viejo sabio de los Nukat Makuk, mientras todo el grupo se había reunido alrededor de esta charla.


.- De modo que viajen en la dirección que les dio el escarabajo. Observen bien lo que sucede y luego retornen a las profundidades de su tierras, descríbanle a Lolo lo que vieron y lo que conversaron conmigo.- les recomendó el viejo sabio de la tribu.


.- Además, al regreso, no dejen de contarnos lo que vean, muchas de las noticias de los sucesos que acontecen en la selva son llevadas por un personaje llamado el hablador; un indígena que viaja de grupo en grupo, recorriendo largas extensiones. Él lleva los sucesos e historias que acontecen en otros lugares o en las malocas; además inventa historias para entretener a niños y adultos. Es uno de los pocos juglares que quedan sobre la faz de la tierra, lleva y trae historias verdaderas o llenas de imaginación, por lo cual es bien recibido en todos lugares a donde llega. El debe ser enterado de esos sucesos, por el bienestar de todos los habitantes de la selva


Cuando el crepúsculo empezó a tender su manto sobre los alrededores de la selva, Pepe y Pipo emprendieron el último recorrido de su viaje. Este resultó ser el recorrido más rápido y sin contratiempos. Antes del amanecer se posaron sobre uno de los últimos árboles que marcaban el límite entre la selva y un descubierto que se extendía sin límites hacia el sur. Al amanecer esperaron un buen rato, ningún movimiento se observaba, sólo se extendía por los alrededores una infinidad de arbustos triturados sobre piel de la madre tierra. Al poco tiempo se oyó el retumbo de unas máquinas gigantescas que se aproximaban haciendo un ruido infernal echando humo por unos tubos fijados a ellas que se extendían hacia arriba. Casi no tuvieron tiempo para retirarse, una de las maquinas apresó con unas mandíbulas metálicas el tronco donde ellos estaban observando. Rápidamente de este monstruo infernal surgió una rueda dentada que cortó rápidamente el tronco por su base, lo alzó y se lo llevó hasta un lugar donde habían indios, mestizos, negros y mulatos armados con sierras que cortaban las ramas y luego mediante otras máquinas, los montaban en unos carros de cajones grandes que se iban perdiendo por unos senderos de tierra y lodo.


Estupefactos, asustados y llenos de miedo se atrevieron a avanzar por aquel despoblado. Lo de los movimientos telúricos les quedaba claro, pero lo del humo que se veía muy lejos. Al poco rato de volar se encontraron con un incendio controlado por varios hombres, y detrás de los incendios inmensos pastizales sin un solo árbol.


Ellos no entendían las causas de esta devastación de la naturaleza, pero si presintieron las consecuencias a largo plazo de esta hecatombe sin control. La vida sobre el planeta corría peligro.... peligro...


Rápidamente y sin pensarlo, se retornaron a los ranchos de los Nucak Macuk; allí los estaba esperando el viejo sabio.


.- ¿Que encontraron? - indagó el viejo


.- Desolación, tristeza y la posibilidad del fin de la vida.


.- Sí, así es. Nuestra tribu hoy emprende nuevamente una marcha de alejamiento, pues corremos el peligro de que nos esclavicen, nos enfermen o nos maten si nos oponemos a su trabajo de desolación.


Sin más palabras, aquel par de luciérnagas se despidieron del sabio, eso sí, sin antes rogarle que le dijera al "Hablador" que los mantuviera informados sobre estos hechos, ya que por ahora lo único que les quedaba a los seres con movimiento de estas selvas, era simplemente huir... huir...

 

 


La única esperanza que tenemos los seres vivos que habitamos esta cápsula limitada que viaja por el universo, es la de concientizarnos y realizar hechos que hagan sostenible la vida sobre la tierra. Las teorías sobre lo sostenible, pueden llegar a ser una realidad, si logramos controlar el abuso, la codicia, la ventaja y la avaricia.


Un fin, para meditar y actuar. Nuestra única esperanza son los niños. Si los hacemos concientes de este problema que nos destruye a largo plazo, talves puedan detener lo que nosotros los adultos no hemos podido lograr.

PRESENTACION

Artículos recientes

Últimos Comentarios

Crear un blog en OverBlog - Contacto - C.G.U - Reportar un abuso